Reconócelo , se te ha ido de las manos.
Hace tiempo que te diste cuenta que esto iba más allá que una simple adicción. Lejos queda ya aquella imagen glamurosa del repostero goloso y creativo.
Sabes que todo va mal cuando llegas un sábado por la noche de fiesta a casa y destripas la nevera en busca de restos de buttercream o algún cupcake olvidado. O peor aún, no te importa ponerte a cocinar a las tantas de la madrugada para poder disfrutar de un trocito de Carrot Cake. Sabes que tienen un problema cuando llegan a casa paquetes y paquetes procedentes de tiendas on-line de artículos de repostería.
Admítelo, eres un adicto, y la culpabilidad te machaca. Quizás necesites un trocito de esa Red Velvet que hiciste ayer para el cumpleaños de tu sobrina:
-¡No, contrólate!
-Venga, solo un trocito.
-...Gollum, Golluum...
Estás a punto de sucumbir y empiezas a salivar como un animal, tus pupilas son cabezas de alfiler y finalmente dejas la culpabilidad a un lado y das un gran bocado a ese trozo de tarta, ¿por que te viene ahora a la mente una escena de Trainspotting? Da igual, el azúcar pasa a tu cerebro y tu mente viaja aún más lejos. Disfrútalo. Esta sensación lo compensa todo: los kilos de más, el dinero, el colesterol alto...
-Bueno, todo todo no. Mañana salgo a correr :) .
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